Parecía no llegar nunca, sin embargo, cuando sonó el despertador el 25 de abril, a las 4.00 de la mañana, no había marcha atrás. El viaje de 4º de ESO comenzaba. Con la etiqueta #2001odiseaenandorra esta generación emprendió el camino a Andorra entre nervios, ilusión y alegría. No había sueño a pesar de haber madrugado.
Llegamos a la hora de comer y, después de dejar las maletas, entramos en Caldea, uno de los mejores balnearios de aguas termales de Europa. Por la noche, al terminar de cenar, fuimos a la disco móvil del hotel donde algunos alumnos dieron la nota divertida sorprendiéndonos con disfraces de animales.
Al día siguiente teníamos un día intenso; por la mañana empezamos a hacer barranquismo entre montañas y ríos de agua gélida. Algunos no dejamos de tiritar durante todo el recorrido, aunque al final entramos en calor cuando tuvimos que subir un gran tramo de montaña casi vertical. La mayoría demostramos que somos intrépidos, pues había zonas que rapelar bastante altas. Después de comer, llegamos tan tarde a patinar que no nos dio tiempo a entrar al Palacio de Hielo. Había que pensar entonces qué hacer con esa actividad, en qué momento podríamos realizarla, cuando nos sorprendieron algunos copos de nieve. Habían caído las temperaturas bruscamente a lo largo de la tarde. Regresamos al hotel y algunos dieron un paseo por la ciudad hasta la hora de la cena.
La mañana del jueves amaneció nevada, con temperaturas bajo cero nos tocaba hacer rafting. ¡Qué frío! El agua además estaba a 2ºC ¿Lo intentábamos? Muchos alumnos empezaron a decir que no les apetecía congelarse, que iban a ir a mirar si alguno lo hacía; así pues, si casi nadie iba a hacer la actividad y ante el peligro de que alguno cayera al río, los profesores decidimos suspenderla y salir hacia el Palau de Gel a patinar. ¡Qué soltura tienen algunos! Parecían profesionales, aunque otros cayeron varias veces haciéndose contusiones sin gran importancia. No dejó de nevar hasta después de comer, momento en el que fuimos a hacer las actividades de senderismo y ruta a caballo. Entre rayos de sol y copos de nieve mezclados con el viento pasamos la fría tarde. Al regresar al hotel nos esperaba la piscina con agua calentita ¡Qué bien! Cenando conocimos a los alumnos de otros institutos, de Valencia y Tenerife. Durante un rato, mientras unos entablaban conversaciones con ellos, otros decidimos dar un paseo nocturno recorriendo las frías calles de Andorra, muy, muy frías. De vez en cuando el viento traía pequeños copos de nieve que rozaban nuestras mejillas mientras observábamos encantados las luces y adornos de algunos edificios propios de Navidad. ¡Qué bonito, un paisaje típico de diciembre a finales de abril!
Volvimos al hotel, había que acostarse temprano, pues debíamos madrugar para iniciar nuestro regreso. Pero no fue así, había que aprovechar la última noche, nuestra última noche; así que dormimos muy poco, pero no se nos pegaron las sábanas. A las 6 de la mañana ya estábamos en pie para terminar de cerrar nuestras maletas y bajar a desayunar.
¡Hasta siempre, Andorra! Llegamos a Salou. ¡Bienvenido, PortAventura! ¡Cuánta gente había ya cuando llegamos! La diversión estaba asegurada. Pasamos un día lleno de sensaciones y emociones hasta que por fin teníamos que subir al autobús para regresar a Villena. Lo mejor de la triste despedida fue que cenamos ¡hamburguesas con patatas!
Ahora sí, llegamos a casa con el corazón lleno, algo cansados, pero dispuestos a volvernos de nuevo si hiciera falta, lo cual indica que lo hemos pasado muy bien. Los tres profesores acompañantes agradecemos el buen comportamiento y los momentos compartidos con cada uno de nuestros alumnos.
Ha resultado ser una experiencia maravillosa y necesaria. La mayoría vuelven más maduros, dándose cuenta de que lo que les decimos los profesores siempre, sobre todo cuando comienzan 4º de ESO: «Aprovechad el momento, chicos, haced que vuestra vida sea extraordinaria» Y es que el tiempo se empeña en pasar.
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